El miércoles quedará marcado como una jornada negra para la conurbación. Tres homicidios en menos de 24 horas sacudieron a La Serena y Coquimbo, en distintos contextos y lugares, generando una inevitable sensación de vulnerabilidad en la comunidad.
Hace solo días, autoridades regionales destacaban una baja en las cifras de homicidios. Sin embargo, estos hechos —independiente de su naturaleza y circunstancias— golpean directamente la percepción de seguridad, que ya venía profundamente tensionada. No existe un registro reciente de tres crímenes en una misma jornada en la zona, lo que convierte a esta secuencia en un hito preocupante por sí mismo.
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Pero más allá de los delitos, lo que llamó la atención fue el silencio. No hubo una vocería clara. No se realizó un punto de prensa conjunto. No se entregó un mensaje político o institucional que diera una señal de conducción frente al impacto ciudadano.
¿Dónde están las autoridades encargadas de la seguridad en la conurbación? La falta de reacción pública dejó la sensación de que el hecho fue tratado como un episodio más de la contingencia, cuando claramente no lo era.
Es cierto que los encargados de comunicaciones de Fiscalía, Carabineros y la PDI se encontraban haciendo uso de su feriado legal, lo que podría explicar parte de la ausencia informativa. Sin embargo, resulta incomprensible que un escenario de esta magnitud no active mecanismos extraordinarios de vocería y comunicación de riesgo.
Cuando ocurren hechos de alto impacto, la ciudadanía no solo exige investigación y resultados judiciales; también necesita información oportuna, liderazgo y contención. El silencio institucional, en estos casos, no calma: aumenta la incertidumbre.
La seguridad no se mide solo en estadísticas. También se construye con presencia, coordinación y señales claras. Y esta vez, esas señales simplemente no llegaron.

