Por Luis González T.
La escalada ha dejado de ser una disciplina de nicho para consolidarse como una práctica deportiva en constante crecimiento en la Región de Coquimbo. Gracias a su geografía, ofrece múltiples escenarios para desarrollar esta actividad, tanto en entornos naturales como en espacios indoor, permitiendo el acceso a escaladores de distinto nivel.
A lo largo de la región existen diversos sectores de escalada natural, destacados a nivel nacional por la calidad de su roca y la variedad de rutas. Entre ellos sobresalen La Pampilla, Totoralillo y Punta Teatinos, al norte de la capital regional; además de sectores del Valle del Elqui como El Molle y Puclaro. Pichidangui también se ha posicionado como un punto atractivo para la práctica.
En conversación con Diario El Día, Roberto Olmos Gormaz, instructor de escalada desde 2015, con experiencia en la formación de deportistas y exentrenador de la selección chilena juvenil de escalada, entregó su visión sobre el desarrollo de esta disciplina.
Desde su mirada experta, la Región de Coquimbo ocupa un lugar privilegiado dentro del mapa nacional de la escalada, no solo por la cantidad de sectores, sino también por su diversidad.
“Acá en la región es la capital, yo diría, a mi juicio personal y de varios otros escaladores, una de las capitales de Chile de escalada. Tenemos el sector de La Pampilla, el sector del Fuerte de Coquimbo, Totoralillo, la zona Golden, Punta Teatinos; tenemos en el valle también uno de los lugares más antiguos, que es Chacay, y en el sector Puclaro hay una cantidad gigante de sectores de roca para escalar”.
La escalada nace a partir del montañismo, cuando los deportistas comenzaron a buscar nuevas formas de superarse. En esa línea, Olmos explicó que “la escalada nace de este desprendimiento o subdivisión del montañismo. Cuando uno hacía montañismo y quería acceder a una cumbre, llegó un punto en el cual ya no era suficiente seguir caminando. En ese entonces nace la escalada y hoy ya no está asociada exclusivamente a montañas o cerros, sino que hay paredes naturales a las que puedes llegar casi en auto o caminando. No tiene que ver con subir una montaña, sino con la verticalidad de la roca”.
Un aspecto clave al practicar este deporte es la seguridad, especialmente en entornos naturales.
“Lo más importante es hacerlo con alguien que tenga experiencia y que pueda brindar una práctica segura y responsable, considerando que hay riesgos concretos y que acá fallar no tiene las mismas consecuencias que en otras disciplinas más comunes. En primera instancia, contar con el material básico de seguridad, como un crash pad, que es un colchón portátil que permite escalar rocas de dos o tres metros de manera segura”.
El instructor reconoce que el miedo y la ansiedad son factores naturales al comenzar, pero que se superan con la práctica. “Hay indicadores fisiológicos naturales que se disparan al inicio, relacionados con el instinto de preservar la vida. Eso genera ansiedad, miedo y estrés. Dejando eso de lado, el factor físico más determinante al principio es la fuerza, que cumple un papel importante. Pero tanto en los gimnasios de roca artificial como en la roca natural existen rutas fáciles y rutas más difíciles, por lo tanto, quienes están comenzando pueden optar por recorridos simples que les permitan tener una buena experiencia”.
Modalidad indoor
Para quienes buscan iniciarse en un entorno controlado, la escalada indoor se presenta como una alternativa accesible. En la conurbación La Serena–Coquimbo existen centros especializados como Endurance Boulder, ubicado en Avenida Guillermo Ulriksen, y el Cendyr La Serena, que recientemente inauguró una nueva área de escalada con muro de 19 metros de ancho, sector boulder y equipamiento de seguridad, abierta tanto a la competencia como a la comunidad.
En ese sentido, Roberto Olmos indicó que “también hay presencia de gimnasios de roca artificial, lo que permite democratizar un poco más el acceso. Gente que quizás no tiene los medios para ir a un sector de roca puede conocer la escalada en un lugar dentro de la misma ciudad”.
“Sobre todo en términos de seguridad y conocimiento del propio cuerpo, practicar en un gimnasio te permite saber cómo reaccionar frente a la altura o al miedo. Cuando luego vas a la roca natural ya tienes cierta base y el desafío se vuelve más amigable”, agregó.

