Israel castiga a Líbano con una ofensiva a gran escala tras el mayor disparo de cohetes de Hezbolá
La aviación militar israelí ha desplegado durante la madrugada del jueves una ofensiva a gran escala sobre distintos puntos de Líbano, especialmente los suburbios beirutíes —donde ha exigido el desalojo de 700.000 personas— y el sur de Líbano. Los portavoces del ejército aseguran haber golpeado una decena de objetivos de la milicia libanesa Hezbolá en la metrópoli beirutí, pero la ofensiva también ha apuntado contra el paseo marítimo de Beirut, abarrotado de civiles desplazados.
Los bombardeos israelíes llegan después de que el grupo libanés y su aliado, la República Islámica de Irán, hayan lanzado la primera operación conjunta sobre el Estado judío, unificando lo que Israel plantea como dos frentes distintos. Medios de comunicación israelíes aseguran que en Israel se han detectado 200 cohetes desde Líbano, en una operación sin precedentes por parte de la milicia chií durante la reciente escalada.
Avichay Adraee, el portavoz de las tropas israelíes en árabe, avisó de que el ejército actuaría con “gran fuerza” sobre las instalaciones, los intereses y las capacidades militares de Hezbolá”. Poco después, los bombardeos israelíes sobre Dahiyeh, los suburbios beirutíes donde la organización libanesa tiene presencia, hicieron temblar Beirut, donde ni observadores ni civiles creen que Hezbolá tenga en esa zona un arsenal que justifique los continuos ataques israelíes.
En paralelo, Israel ha llevado a cabo la madrugada del jueves una trampa por “doble impacto” en el paseo marítimo de Beirut, donde miles de civiles a quienes Israel obligó a abandonar sus casas se acumulan durmiendo en vehículos o en tiendas de campaña. Primero, un dron israelí bombardeó un coche que estaba aparcado. Cuando la gente se acercó al vehículo, un segundo proyectil atacó a la multitud. El último recuento del ministerio de Sanidad libanés registra 8 víctimas mortales y decenas de heridos, que se suman a los 634 muertos —entre ellos, 91 niños reportados desde el 2 de marzo hasta la noche del miércoles.
“Líbano está atrapado en una guerra que no ha elegido librar entre Israel y Hezbolá”, denunció el miércoles ante el Consejo de Seguridad el embajador Ahmad Arafa, representante de Líbano ante las Naciones Unidas. Según Arafa, miembro de un Gobierno libanés comprometido con el desarme de Hezbolá y predispuesto a negociar directamente con Israel el fin de la guerra, el país padece “un momento extremadamente peligroso”, además de una “verdadera catástrofe humanitaria”.

